jueves, 6 de diciembre de 2007

Un enfoque moralista sobre el cambio climático


El cambio climático es una realidad que suscita al debate y es tema de controversia actual. Su origen antropogénico ha sido generalmente aceptado y surgen discursos para remediar el problema. No deberían exponerse propuestas o soluciones sin ser consecuentes con ellas. Muy a mi pesar, existe un colectivo social que se contradice.

El mismo al Gore, reciente premiado en los Oscar por Verdad incómoda es un claro ejemplo de este colectivo. Según publicó El País, el que fuere vicepresidente de los EUA hasta 2001, consume en un mes la energía media equivalente a un año en una familia EUA. Y no hace falta irse tan lejos, ya que el mismo presidente de la Comisión Europea, J.M.D Barroso, se paseó por Barcelona con uno de los vehículos más contaminantes del mercado. Éste último se defiende argumentando que no pretende ser un ejemplo para nadie, ya que el enfoque moralista no va con él.

El proponer medidas y legislación que se apliquen a la economía y las instituciones debería ser sólo el punto de partida. Una buena propuesta debe ir acompañada del ejemplo, puesto que sino todo se convierte en un gran teatro predicatorio en que mucho se exige pero poco se colabora, sucediéndose así el tópico del dicho al hecho hay un trecho.

Porque, yo me pregunto, si los Veintisiete pactaron reducir un 20% las emisiones de CO2, ¿acaso Barroso no está dificultando dicha labor? Seamos realistas, la lógica entre lo que se predica y lo que se lleva a cabo debe percibirse, más en los altos cargos. Aunque no se pretenda ser un ejemplo para nadie.

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