jueves, 1 de noviembre de 2007

Llueve, la madre grita y Brasil busca incrementar los jóvenes universitarios

La lluvia comienza a rozar los vidrios de la ventana. Desde mi habitación contemplo a una madre cuyos dos hijos se han escapado porque no quieren tomar la carpeta de inglés, por lo visto, les toca ir a clases extraescolares. La madre chilla tanto que el vecindario entero podría seguir con naturalidad los hechos. “¡Que vengas, que hoy vas a ir a clase!”. En cambio al más chiquitín le trata con dulzura, pese a mantener el tono elevado “Venga hijo, que el inglés es importante para tu futuro…”.A la par, estoy leyendo el diario y casualmente se aparece, como quien no quiere la cosa, el siguiente titular “Nuestro objetivo es que un 30% de los jóvenes estudie una carrera”. Es una de esas casualidades que no sabes hasta que punto forman parte del subconsciente o si es algo premeditado. Dos situaciones completamente independientes se cruzan.
Olvido la madre, que ahora se oye en un segundo plano o incluso tercero y me centro en el artículo. Al parecer el titular se corresponde con unas declaraciones del ministro de Educación de Brasil, Fernando Haddad, que expone los objetivos de su país en el ámbito de la educación pero al mismo tiempo habla de la necesidad de cooperación entre los países ricos y los pobres.
De hecho, lo que me ha impulsado a leer este artículo que también añade una breve entrevista, es el antagonismo entre la situación que estaba contemplando como espectadora desde mi habitación y que en Brasil se pretenda llegar al 30% de jóvenes que estudien una carrera.
Entonces, mi mente se expande al máximo para relacionar ambos hechos, pues entre la lluvia, que ahora se ha convertido en melodía relajante, y la escena de la madre y el titular, hay un punto de conexión. Mientras aquí (por contexto geográfico ocupacional me refiero a España) se lucha porque desde bien niños se introduzcan en el aprendizaje de idiomas y en la importancia del estudiar (al menos en términos generales), en Brasil se lucha por la incorporación en el mundo universitario.
Me doy cuenta que el uso de las nuevas tecnologías en los países ricos permiten establecer una red innovadora. Los estudiantes disponen de herramientas alternativas a las tradicionales con las que explorar el mundo de la educación, para aprender de otro modo. Sin embargo, en Brasil, pese a conocer las nuevas tecnologías, cuesta implantarlas dado que una gran parte de la población desconoce varios de los aspectos y al mismo tiempo descuidan su día a día.
El ministro, Fernando Haddad, plantea la necesidad de una actuación triangular en el ámbito, en la que se implicaría tanto a los países ricos, a los que están en vías de desarrollo y a los pobres. Este modelo ideal de cooperación en educación es necesario difundirlo para que se convierta en estándar o en algo frecuente. Para ello, los medios de comunicación son una herramienta muy importante. La televisión, gracias a su efecto emotivo es, a mi modo de ver, la forma más fácil de transmitir un mensaje rápido para que funcione antes.
Con el uso de los medios de comunicación el ministro de educación brasileño podría incitar a los jóvenes a que estudiaran una carrera. En realidad, el mero hecho de salir en el diario El País ya le atorga un grado (más o menos elevado) de difusión a la sociedad.
Desde España, al menos hablo por el tipo de reacción que ha causado en mi, leer este titular me produce inquietud y a la vez me ha impactado, dado que se hace difícil pensar en que mientras nosotros estamos luchando por instaurar nuevos métodos de enseñanza, haya otros sitios donde aún se luche por la enseñanza en sí.


Para leer la noticia: El Pais, 29 de octubre 2007

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