Este es un blog dedicado específicamente a la asignatura Comunicación y educación, por lo que todos sus contenidos estarán ligados a ambas temáticas. Para inaugurarlo, os propongo una breve reflexión cuya intención es ligar los dos conceptos y realizar una mirada general a la gestación de la unión entre dos términos que cabalgan hacia un nuevo mundo, provocando el contraste entre la pedagogía tradicional y las nuevas técnicas o metodologías.
Sin duda, existe hoy una diferencia con la educación que recibieron la generación de nuestros padres y la de nuestros abuelos. Sin embargo, el significado de educar no varía con el paso del tiempo.
Según la RAE (Real Academia Española), educar es “dirigir, encaminar, doctrinar; desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc.”. Si nos fijamos en la evolución de este concepto, la diferencia entre 1732 cuando la Academia de Autoridades recogía el término hasta 2007, el significado es el mismo, relativo a enseñar. Así, los siglos no han afectado al contenido sino más bien a la forma, en tanto que educar cumplía la misma función antes que ahora, lo que varía son los recursos a los que recurrimos para ser (más) efectivos.
Comunicar es “hacer a otro partícipe de lo que uno tiene” (RAE). El primer día de la asignatura “La entrevista y el reportaje radiofónico”, Armand Balsebre afirmó con certeza que “un periodista que sabe dialogar es un comunicador”. Para ser un buen comunicador es necesaria la efectividad, ya que de nada sirve un discurso de una hora si el auditorio lo recibe como algo lejano, extraño o como efecto somnífero.
He ahí un primer punto de unión entre ambos términos de procedencia latina: la efectividad. Por un lado, la educación busca inculcar lo mejor posible algo (sea una idea, costumbres, etc.) y mediante la comunicación se pretende llegar a un público que comparta opiniones o pensamientos, ideas o posturas, etc. Y, en cierto modo, aquella persona que sabe comunicar con eficacia estará educando, puesto que convencerá a su auditorio que lo que está exponiendo es lo acertado.
En pleno siglo XXI, observamos como las instituciones que tradicionalmente se han encargado de educar y al mismo tiempo socializar (la iglesia, la familia, la escuela, el gobierno) van cediendo terreno frente a la irrupción de los media que llegan pisando fuerte. Los medios de comunicación, por su parte, infunden un tipo de educación o adoctrinamiento y, en muchas ocasiones, se valen de las nuevas tecnologías para captar más la atención. Ello demuestra que el mundo de la educación está cambiando, puesto que un nuevo ente tiene la capacidad de hipnotizar o inculcar valores, costumbres, etc. (sean o no las de toda la vida). Se establecen nuevos procesos comunicativos que abarcan a un grupo más grande y a su vez homogeneizado. Ya no hablamos de auditorio sino de gran público que comparte el uso del lenguaje, por lo que los mensajes serán descifrados dentro de un marco político económico y social determinado.
Por ejemplo, los políticos utilizan los medios de comunicación para infundir sus valores y sus ideologías, es decir, para intentar “educar” o exponer lo correcto desde su punto de vista. Entonces, ¿los medios de comunicación pueden constituirse como una herramienta para la educación académica?
A mi modo de ver las cosas: sí. Es más, considero que estamos asistiendo a una crisis de la pedagogía y de la didáctica tradicionales, pues parece que éstas no hayan evolucionado. Como he comentado anteriormente, la necesidad de educar se mantiene, pero el modo en que se lleva a cabo debería haberse transformado y adecuado a las nuevas necesidades de un mundo que en comparación con esta burbuja educativa es del todo futurista. Reitero la necesidad de ser eficaces, las maneras de aprender y también la recepción de conocimiento están cambiando, ¿por qué no lo hace el sistema educativo, centrándonos en las metodologías utilizadas generalmente?
Está claro que entre la educación de hoy y la generación de nuestros padres debería haber muchas diferencias. Entonces, ¿por qué al hablar con nuestros mayores las diferencias sólo se basan en el contexto político social del momento y no en las metodologías utilizadas? El contraste es mínimo si lo comparamos con las posibilidades que ofrecen las TIC y las nuevas oportunidades para modificar la educación. Educar puede convertirse en una odisea gracias a la integración de los medios audiovisuales, de Internet o la informática, etc. Bajo mi humilde punto de vista, creo que lo mejor sería romper con el sistema tradicional y enhebrar la aguja con el objetivo de coser pedazos de aquél junto a un conjunto de nuevas alternativas, andando hacia algo complejo, similar a “la sociedad en red” de la que nos habla Manuel Castells. Confío en una actualización del arte de educar, pero sin la movilización de los que lo percibimos dudo que puedan producirse los cambios.
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