Como cada viernes, me desplacé a mi trabajo donde debía pasar toda la tarde. Al llegar, montones de hojas se amontonaban en mi escritorio, post-its por todos lados coloreaban la blanca pared y el ordenador chispeaba de la de cosas que se tenían que hacer. Saludé al presi, que así le llamo yo, y me comentó las dificultades que tenía para moverse en la red e incluso para utilizar los programas básicos del office. Entonces, estilo flashback como en las películas, recordé la exposición sobre Cibernarium.
Dediqué media hora de mi jornada a enseñarle la web de Cibernarium, para que supiera que existen muchas maneras de aprender y… ¡que mejor si es gratuito! No lo digo por tacañería, sino porque a la gente le atrae mucho más. De hecho, tanto el presi como mi otro jefe, se interesaron bastante en este proyecto y quien sabe, algún día que tengan libre puede que se pasen por las instalaciones de Nou Barris.
No voy a alargarme con este comentario, pues sólo quería plasmar en mi blog esta anécdota, que a mi modo de ver es muy graciosa. En parte es muy significativa, porque hoy en día existen muchas personas que como ellos, se encuentran en la brecha digital y pierden oportunidades (además de tiempo mal invertido). Creo que hoy damos mucha publicidad a acontecimientos más anecdóticos que a cosas interesantes y fructíferas, ejemplo claro sería Cibernarium.
No quiero parecer una loca empedernida por este proyecto, pero realmente me parece muy positivo para la sociedad y a la vez, alternativo, pues es una forma de aprender que está al alcance de toda la ciudadanía, dado que su coste es prácticamente inexistente (porque para llegar allí, la mayoría debemos usar transporte – público o particular –).
lunes, 22 de octubre de 2007
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